La amniocentesis es una de esas pruebas prenatales que genera mucho ruido. Muchas mujeres hablan de ella, algunas la asustan, otras la ven como necesaria. Pero lo cierto es que es un procedimiento invasivo, y ese simple hecho merece que sepas bien qué te espera.
El problema real es que muchas gestantes llegan a la consulta sin información clara: no entienden bien qué se les va a hacer, no conocen los riesgos reales, no saben qué otras opciones existen. Y cuando eso sucede, cuando un médico omite explicar lo importante, puede cruzarse la línea hacia la negligencia médica. Si quieres saber más sobre este tipo de casos, puedes leer nuestro artículo sobre negligencias médicas en la atención prenatal.
Esta guía existe precisamente para eso: para que tengas claro qué es la amniocentesis, cómo funciona, qué riesgos conlleva y cómo saber si algo no se hizo como debería. Porque hay una diferencia enorme entre una complicación que simplemente ocurre, y una que ocurre porque el médico no hizo su trabajo. En algunos casos, estas situaciones pueden derivar en complicaciones en el parto que también pueden estar relacionadas con una actuación médica incorrecta.
Qué es la amniocentesis y cuándo está indicada
La amniocentesis es simple en concepto: extraen unos 20 mililitros de líquido amniótico mediante una punción guiada por ecografía. Eso sucede habitualmente entre las semanas 15 y 20. Y en ese líquido están células del bebé que se pueden analizar para detectar alteraciones cromosómicas, problemas genéticos o infecciones.
Pero no es una prueba para todas. Solo se ofrece cuando hay riesgo real. Eso significa: tienes 35 años o más, el cribado del primer trimestre salió con riesgo alto (1/250 o mayor), hay antecedentes familiares de problemas genéticos, las ecografías han mostrado algo anormal, o uno de los dos progenitores es portador de una mutación genética.
Lo importante: si cumples estos criterios y tu médico no te ofrece ni siquiera menciona la amniocentesis, eso es un problema. Es negligencia por omisión. Te está privando de información que necesitas para decidir.
Cómo se realiza el procedimiento
El médico empieza con una ecografía. Necesita saber exactamente dónde está el bebé y la placenta. Necesita planificar bien la ruta de la aguja para no tocar nada que no deba tocar. Eso es fundamental. Un médico distraído o con prisa puede causar daño.
Luego limpia tu abdomen con antiséptico. Algunos aplican anestesia local, otros no la creen necesaria porque la aguja es muy fina. Depende del médico.
La aguja entra a través de tu piel y llega hasta el líquido amniótico. Debe estar mirando la ecografía TODO el tiempo. No es momento de desviar la atención. Saca unos 20 mililitros (no más) en tubos estériles que van directamente al laboratorio. Todo el proceso dura entre 15 y 30 minutos, aunque la punción en sí es cosa de segundos.
Al acabar, comprueba por ecografía que el latido fetal sigue siendo normal y que no hay complicaciones inmediatas. Si esto último no se hace, es un error. En algunos casos, pueden detectarse alteraciones en el ritmo cardíaco del bebé, como la bradicardia, que también puede estar relacionada con una mala praxis durante el procedimiento o el parto.

¿Duele la amniocentesis?
Muchas mujeres lo describen como un pinchazo desagradable pero breve. La sensación es parecida a un análisis de sangre, solo que notas más presión en el abdomen mientras la aguja atraviesa la pared y llega hasta el útero. Puede haber un calambre o un tirón, pero dura segundos.
Después de la prueba es normal tener molestias leves, como las del primer día de menstruación. Pueden durar horas o un par de días. También es posible que notes algo de sensibilidad donde te pincharon, igual que con cualquier inyección.
Ahora bien, hay síntomas que SÍ son una alerta. Si tienes fiebre (más de 38°C), pierdes líquido por la vagina, sangras abundantemente, sientes contracciones o dolor intenso que no mejora descansando: eso no es normal. Eso requiere que llames a tu médico de inmediato.
El problema es cuando tu médico no te lo explica. Cuando no te dice qué esperar y qué significa una alarma. Porque entonces, si algo empieza a ir mal, es posible que lo confundas con molestias normales y dejes pasar algo serio.
Riesgos de la amniocentesis
Toda prueba invasiva conlleva riesgos. Tu médico debería explicarte cuáles son en tu caso específico, sin evadirse.
El riesgo que más preocupa es el aborto espontáneo. Los estudios recientes hablan de entre 0,1% y 0,5%. Para que lo entiendas: de cada mil amniocentesis, entre una y cinco terminan en aborto. Es bajo, pero existe. Y hace años se hablaba del 1%, así que la medicina ha mejorado.
Otros riesgos maternos incluyen sangrado vaginal leve (suele pasar solo) e infección del líquido amniótico (muy rara, menos del 0,1%, pero grave si ocurre). La rotura de membranas es poco frecuente también, pero cuando sucede sí es preocupante. Si tu grupo sanguíneo es Rh negativo, tu médico debe haberte avisado: necesitarás una inyección especial después.
Para el bebé, además del riesgo de aborto, existe la posibilidad remota de lesión fetal accidental, aunque ocurre raramente si el médico mantiene control ecográfico durante toda la prueba. El líquido amniótico también puede perderse si algo se hace mal o si no sigues el reposo recomendado.
Hay una cosa importante que debes saber: si esperas gemelos o múltiples, los riesgos pueden ser hasta tres veces mayores. Y hacer la prueba antes de la semana 15 también aumenta las complicaciones.
Esto es crucial: existe una diferencia enorme entre un riesgo inherente y negligencia. Que haya aborto después de una amniocentesis hecha perfectamente es trágico, pero no es mala praxis. Que haya aborto porque el médico no mantuvo condiciones estériles, o porque no controló bien la aguja, eso SÍ es negligencia.
Interpretación de resultados
Esperar los resultados es lo más duro. Entre 10 y 15 días de incertidumbre. Algunos análisis tardan más. Tu médico debería decirte cuándo esperar las noticias y cómo te las dará.
Aquí es importante: los resultados no deberían llegarte por un SMS o una llamada rápida. Necesitas una conversación real donde te explique qué significan, dónde puedas preguntar, donde haya tiempo. Si tu médico simplemente suelta el resultado sin contexto, eso es mala práctica.
Resultados normales o negativos
Si el resultado es normal, significa que no encontraron lo que buscaban. Es una buena noticia. Pero—y esto es importante—no significa que tu bebé sea perfecto.
La amniocentesis solo descarta lo que buscaba: alteraciones cromosómicas, ciertos defectos del tubo neural, enfermedades genéticas específicas que teníais razón para investigar. No ve problemas cardíacos. No detecta malformaciones que aparezcan después. No cubre todo. Ni de lejos.
Muchas mujeres creen lo contrario. Creen que un resultado negativo es un pase libre: «Mi bebé está sano.» Y después, si aparece algo, se llevan un disgusto. Pero eso es culpa de tu médico, que debería haberlo dejado claro desde el principio. El consentimiento informado debería explicar exactamente esto: qué SÍ ve esta prueba y qué no.
Resultados positivos o anormales
Un resultado positivo es difícil. Confirma que encontraron algo. Y cómo te lo comunique tu médico es crucial—porque determina qué decisiones puedes tomar después.
El Síndrome de Down (Trisomía 21) es lo que más se detecta. Es un cromosoma extra. Causa discapacidad intelectual de grado muy variable, y características físicas reconocibles. Pero hay gente con Down viviendo vidas plenas. No es una sentencia de muerte. Tu médico debería explicarte eso.
La Trisomía 18 (Síndrome de Edwards) es diferente. Es mucho más grave. Los órganos se desarrollan con malformaciones severas y la mayoría de bebés no sobrevive el primer año. Eso también tienes que saberlo, con toda crudeza, porque es información que necesitas para decidir.
Los defectos del tubo neural—como la espina bífida o la anencefalia—son otra cosa. La anencefalia siempre es mortal. La espina bífida es más variable. Tu médico debe decirte exactamente qué encontraron y cuál es el pronóstico real.
Lo que tu médico ESTÁ OBLIGADO a hacer cuando hay un resultado positivo es: explicarte qué significa, contarte cómo afecta realmente la vida de un niño con eso, decirte qué opciones tienes y en cuánto tiempo tienes que decidir. Si lo hace de forma sesgada, si minimiza la gravedad o la exagera, si no te deja espacio para preguntar o reflexionar, está vulnerando tu derecho a decidir.

Opciones tras un resultado positivo
Es un momento duro. Y lo que pase ahora dependerá mucho de cómo te lo explique tu médico. Porque tienes derechos. Tienes opciones. Y tienes que conocerlas todas.
Primera opción: continuar con el embarazo. Eso significa prepararte para recibir a un bebé con necesidades especiales. Implica aprender sobre los cuidados, contactar con otras familias en la misma situación, reorganizar tu vida económicamente, emocionalmente. Tu médico debería facilitarte conexiones con servicios de atención temprana y especialistas, no dejarte soła.
Segunda opción: interrumpir el embarazo. En España, la ley permite esto si existe una anomalía incompatible con la vida o una malformación grave. No es el plazo general de 14 semanas, hay excepciones cuando hay razones médicas reales. Dos médicos especialistas tienen que avalarlo. Pero eso es legal, es tu opción.
También está el asesoramiento genético. No es obligatorio, pero debería ofrecerse siempre. Un genetista puede explicarte si esto vuelve a pasar en futuros embarazos, si es hereditario, qué opciones tienes si quieres intentarlo de nuevo (como el diagnóstico genético preimplantacional).
Lo CRÍTICO legalmente: tu médico tiene que contarte todas estas opciones, sin sesgo, sin colarse su opinión personal, completas, y ANTES de que se agoten los plazos legales. Si no lo hace, si te esconde opciones, si espera demasiado, si presiona hacia una dirección—eso es negligencia. Se llama vulneración de tu autonomía reproductiva.
El consentimiento informado: tu derecho a saber
No es un papel que firmas porque sí. El consentimiento informado es tu derecho a comprenderlo todo antes de que te pincen.
Según la ley española, tiene que ser previo (antes, no cinco minutos antes), libre (sin presiones), voluntario (sin obligaciones) y específico para lo que se va a hacer. Si es una amniocentesis, debería haber 24 horas mínimo entre la charla y la prueba. Tiempo para pensar. Tiempo para hacer preguntas.
Tu médico debe explicarte:
- Qué es exactamente lo que te va a hacer. No vale jerga médica que no entiendas. Tiene que ser en tus palabras. Pide que te explique de nuevo si no lo entiendes.
- Los riesgos reales. El aborto espontáneo entre 0,1% y 0,5%. La infección. La rotura de membranas. Lesiones. Y especialmente los riesgos EN TU CASO—si esperas gemelos, si hay circunstancias especiales.
- Las alternativas. Que existen otras pruebas como el NIPT (menos preciso pero sin riesgo de aborto), o biopsia corial (antes pero algo más riesgosa). O simplemente no hacerte nada.
- Lo que NO te dirá. Que un resultado negativo no es una garantía de bebé perfecto. Que solo descarta lo específico que se busca. Que hay falsos negativos.
- Qué pasaría si sale algo. Qué opciones tienes si el resultado es positivo. Los plazos legales.
- Qué es normal y qué no después. Molestias que son OK, síntomas que necesitan urgencias.
Si tu médico te mete prisa, si no te deja preguntar, si el consentimiento está incompleto o mal hecho—ese consentimiento puede ser inválido legalmente. Y eso es negligencia.
Negligencias médicas más frecuentes en amniocentesis
La negligencia puede ocurrir en cualquier momento: antes de la prueba, durante, después. Pero no toda complicación es negligencia. Tienes que saber la diferencia.
Una complicación es negligencia cuando resulta de que el médico no siguió los protocolos correctos, cuando no dio la información adecuada, cuando no actuó con el cuidado que se espera. Un aborto tras una amniocentesis perfectamente hecha es una tragedia, pero no es mala praxis. Un aborto porque el médico no mantuvo la esterilidad, o porque no controló bien la aguja, eso SÍ es negligencia.
Antes del procedimiento: errores en indicación y consentimiento
No ofrecerte la amniocentesis cuando la necesitas. Si tienes 35 años o más, si el cribado del primer trimestre salió con riesgo alto, si hay antecedentes en la familia, si ecografías han mostrado cosas raras—tu médico está obligado a decirte que existe esta prueba. No decírtelo es negligencia.
Por qué es grave: porque si nace un bebé con algo que habría sido detectable, y tú nunca ni siquiera supiste que podías investigarlo, eso es una vulneración de tu derecho a decidir. No fue una decisión tuya. Fue una omisión de información.
Consentimiento informado deficiente o inexistente. El médico te pone un papel enfrente minutos antes de hacer la prueba. Lo firmas sin leerlo. Sin que nadie te explique nada. O te lo lee tan deprisa que no entiendes. Eso no es consentimiento válido. Legalmente no vale. Si algo sale mal después, ese consentimiento puede ser considerado nulo.
No explicar bien los riesgos versus beneficios. «Tienes 35 años, te hago la amniocentesis» no es explicación. Deberías saber: ¿qué probabilidad tengo de encontrar algo relevante? ¿Y qué riesgo tengo de aborto? En algunos casos, el riesgo supera el beneficio. Tu médico debería ayudarte a entenderlo.
Durante el procedimiento: errores de técnica
Técnica deficiente. Múltiples punciones porque el médico no logra sacar líquido al primer intento. Romper la aguja dentro de ti. No mirar la ecografía mientras la aguja está dentro (sí, hay médicos que lo hacen). Todo esto aumenta enormemente los riesgos.
Lesionar al bebé o a ti. Sucede cuando el médico planifica mal el camino de la aguja, o pierde la visualización por ecografía durante la maniobra. Atravesar la placenta sin razón. Acercarse demasiado al feto. Lesionar tu vejiga o intestinos. Eso es negligencia clara.
Infección. La más grave. Si no se hacen las cosas en condiciones estériles, puedes contraer una infección intramniótica. Es completamente evitable. Pero si ocurre, puede derivar en aborto séptico o en complicaciones serias para tu salud. Si pasa por falta de asepsia, no hay duda: es mala praxis.
Sacar demasiado líquido. El protocolo es claro: aproximadamente 20 mililitros. Si el médico saca más sin razón clínica, o lo hace de forma brusca, está aumentando los riesgos innecesariamente. Eso es negligencia.
Después del procedimiento: errores en seguimiento y comunicación
Errores en el laboratorio. Confundir tu muestra con la de otra paciente. Contaminar las células. Leer mal el cariotipo. Es raro, pero cuando ocurre es devastador. Te dicen algo que no es verdad y tomas decisiones sobre tu embarazo basadas en información falsa.
Retraso en comunicar resultados. Si tus resultados muestran algo grave y el médico tarda semanas en decírtelo, cuando ya no puedes tomar decisiones legales sobre el embarazo—eso es negligencia pura. El tiempo importa. Los plazos legales existen. Un retraso administrativo u organizativo no es excusa.
Mentir o no explicar bien los resultados. El médico minimiza la gravedad de lo que encontró. O la exagera. O no te dice cuáles son tus opciones. O presiona hacia una dirección. Eso vulnera tu derecho a decidir informadamente. Y es la base de muchas denuncias por «wrongful birth».
No cuidarte después. Si llamas porque tienes fiebre, pierdes líquido amniótico o sangras mucho, y tu médico te dice que es normal y no investiga—eso es negligencia. Esos síntomas necesitan atención. Si algo grave podría haberse tratado y no se hizo, es responsabilidad del médico.

La doctrina del «wrongful birth» o nacimiento injusto
Hay un concepto legal importante: «wrongful birth» o «nacimiento injusto». Es cuando demandas porque el médico te privó de información para decidir sobre tu embarazo.
Aquí está lo crucial: no estás diciendo que la vida de tu hijo no tenga valor. No estás pidiendo indemnización por su existencia. Lo que pides es indemnización por no poder ELEGIR.
Los tribunales españoles lo reconocen: si tu médico no te ofrece una amniocentesis cuando la necesitabas, si no te comunica bien los resultados, si llega tarde con esa información—eso es negligencia. Porque te privó de tu derecho fundamental a decidir.
Un caso real: una mujer ya había tenido un hijo con Síndrome de Down. En su siguiente embarazo, nadie le ofreció ni amniocentesis ni información sobre ella. Nació otro hijo con Down. Los tribunales fallaron que la omisión de información fue una vulneración de su derecho a decidir. Punto.
Otro caso: los resultados de la amniocentesis muestran una anomalía grave, pero el médico tarda tanto en decírselo que ya no puede interrumpir legalmente el embarazo. Los tribunales lo consideran negligencia.
¿Por qué se protege esto? Porque las pruebas como la amniocentesis existen exactamente para eso: para que puedas saber y decidir. Si el médico no te deja hacerlo, está negando completamente la razón por la que existen estas pruebas.
Y sí, si ganas, hay indemnización: por el daño moral (verte en una situación que habrías evitado), por los gastos extraordinarios de cuidados especiales, y por el lucro cesante (si un progenitor no puede trabajar porque está cuidando al hijo).
Qué hacer si sospechas una negligencia
Primero: documenta todo. Informes médicos, consentimientos que firmaste (o no), mensajes con tu médico, pruebas de cuándo recibiste qué información. Guárdalo todo. Será crucial si necesitas un abogado.
Segundo: los plazos importan. En España tienes un año desde que ocurrió el hecho o desde que conociste el daño real. No esperes. Las leyes tienen límites.
Tercero: busca un abogado especializado en negligencia médica. No todos los abogados entienden de esto. Necesitas alguien que sepa de autonomía reproductiva, de consentimiento informado, de diagnóstico prenatal.


Lo que debes recordar
La amniocentesis puede darte información valiosa. Pero solo funciona si tu médico juega limpio. Si te explica bien. Si respeta tu derecho a saber y decidir.
No confundas las cosas. Un riesgo es una complicación que puede ocurrir incluso si todo se hace bien. Una negligencia es una complicación que ocurre porque el médico no hizo bien su trabajo, o porque no te dio la información que necesitabas.
Si te omitieron información. Si no te ofrecieron la prueba cuando la necesitabas. Si los retrasos o los errores te impidieron decidir. Si tu médico no te explicó bien los resultados. Eso no es un riesgo que hayas asumido. Eso es negligencia. Y merece ser revisado por un abogado especializado.
Abogada especialista en derecho sanitario y responsabilidad civil profesional, experta en valoración del daño corporal.
Licenciada en derecho y periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid, máster en práctica jurídica por el Centro de Estudios e Investigaciones Jurídicas, título especialista en Valoración del daño corporal por la Universidad Complutense de Madrid y especialista en Incapacidades Laborales Permanentes por el ICAM.







